martes, 1 de octubre de 2013

Cinco minutos

“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”
Era un día cualquiera, me levanté, me duché, preparé mi desayuno, vi las noticias en la televisión mientras terminaba mi café, que horrible café, debí haber comprado el de la otra marca. Dejé todo en el fregadero, estaba lleno de platos sin lavar. ¿Qué más da? Los lavaría después. Busqué mi chaqueta, tomé mis llaves, caminé por los pasillos de mi departamento, llegué al ascensor, presioné el botón que me llevaría al piso 1. Bajé 2 pisos, subió una señora, esta señora me tiene harto, todas las noches discute con su marido, se escuchan sus gritos desde mi habitación, luego se escuchan 2 portazos, y luego no se escucha nada, lo mismo casi todas las noches, se bajó en el 6to por suerte, luego continué sin interrupciones hasta el 1ero. Salí del ascensor, maldito ascensor, odio los ascensores, que suerte que no soy claustrofóbico. Saludé al guardia del edificio, le desee un feliz día, sentí sumamente miserable, porque mi día iba a ser miserable, no soy de las personas que teman demostrar el desprecio hacia quienes no le caen bien, pero me pregunto… ¿Hay algo de mi vida que de verdad me guste? ¿Hay algo que me haga feliz?
Mientras conduzco hasta el trabajo, por el mismo camino de siempre, observo las tiendas abrirse, a la misma hora de siempre, las mismas personas de siempre, el tráfico… el mismo de siempre… es la rutina. La estúpida y aburrida rutina… todos los días iguales. La oficina está en la otra esquina, miro mi reloj, tengo tiempo de sobra para llegar, ordenar un poco y revisar mi email con calma, luego podré trabajar hasta la hora de almuerzo. Creo que hoy comeré algo liviano, una ensalada o un sándwich… ojalá pueda encontrar pan integral… no me gusta el pan blanco. Espero encontrar un restaurant bueno cerca, todos los que conozco por aquí son un asco, y mejor no hablemos de la atención… terrible.
Al fin llegué a la oficina, al maldito ascensor otra vez, 15 pisos… son casi 5 minutos en el maldito ascensor, 10 si alguien sube. Maldición, subió alguien… es una chica rubia de lentes que nunca había visto antes. Tal vez es la nueva empleada, por su traje me imagino que va a trabajar reemplazando a la secretaria. –Se ríe en su mente- Pobre chica, la van a tener todo el día para los mandados.
Yo: A que piso va?- Pregunté amablemente.
Ella: Al piso… -Revisa un papelito- Al decimoquinto…
Presioné el botón con el n°15… iba al mismo piso que yo… que sospechoso… Se quedó observando el panel con los botones… ahora me mira…
Ella: Disculpe… ¿usted también va al piso n°15?
Yo: Si… -Respondí, sin saber que mas agregar.
Me miró confundida, como si esperara algo más. Yo simplemente guarde silencio y aparté mi mirada, odiaba esos momentos tan incómodos.
Llegamos al piso 15, yo salí primero. Sé que podría parecer grosero no dejarla salir primero, pero estaba desesperado por llegar a mi oficina, además me sentía demasiado incómodo en ese pequeño ascensor con esta chica que ahora que lo pienso me hacía sentir extraño. Al llegar me sentí aliviado, relajado, me quité mi chaqueta y despejé un poco mi escritorio, justo cuando estaba por revisar mi email, el jefe me llamó a su oficina. Qué extraño… él nunca hace algo así. Salí contra mi voluntad de mi oficina y caminé hasta la oficina de mi jefe. Por suerte me quedaba en el mismo piso. Toqué la puerta…
Jefe: Pase…- Se escuchó desde adentro.
Abrí la puerta lentamente…
Yo: Permiso…-Dije antes de entrar completamente
Jefe: Adelante Vázquez… -Dijo mi Jefe… odio cuando la gente me llama por mi apellido.
Al entrar la vi. Era la chica del ascensor. Ahora que le prestaba más atención, era muy linda. Estaba vestida con ropa de oficina, esas típicas blusas blancas ajustadas y esas faldas cortas que aunque no lo queramos admitir, a muchas les quedan espectaculares. En esta ocasión fue así. Esa ropa le quedaba genial. Miré su rostro con disimulo. Ella era castaña clara, casi rubia, de piel blanca, pecas, labios carnosos, ojos verdes y unas pestañas larguísimas. Ahora que la miraba bien… era preciosa.
Yo: Bueno señor… ¿para qué me llamaba?
Jefe: Te quiero presentar a Emilia… -Señaló a la chica- Hace unos meses atrás me dijiste que te hacía falta alguien que te ayudara con los papeles y otras cosas… y bueno, siempre has sido un muy buen empleado así que la contraté para que te ayude. Emilia, él es Nicolás Vázquez…
Emi: -Me dio la mano- Mucho gusto señor Vázquez…
Yo: Encantado… -Fue muy extraño, de verdad estaba encantado-
Jefe: Bueno… ahora Nico te voy a explicar lo de las próximas reuniones, creo que no habían quedado claras las fechas, Emilia por favor pon atención que es importante para que te integres más rápido al ritmo de acá…
Mi jefe comenzó a hablar. Estuvo como 5 minutos hablando sin parar de cosas que no me interesaban, mostrándome papeles y anotando cosas en los calendarios. Me fue imposible concentrarme. Miraba a Emilia a cada segundo. Tenía una belleza hipnotizante. Mientras la observaba pensé tantas cosas… pensé en a la salida tratar de entablar una conversación, conocernos mejor. Quizás a la semana siguiente invitarla a tomar un café. Formar una relación de amistad. Ir de apoco enamorándola. Con pequeños detalles. Hacerla sonreír, tratarla con ternura. ¿Me estaría volviendo loco? Después de un tiempo, le confesaría todos mis sentimientos hacia ella y le pediría que fuera mi novia. La besaría todos los días, cada vez que pudiera, solo la haría feliz. Si todo fuese bien, sin dudarlo le pediría su mano. Tendríamos hijos, viviríamos juntos y felices hasta viejos. Mi vida miserable se vería radicalmente terminada por la dulzura de esta mujer que tenía frente a mí. Solo bastaba con intentar hablar con ella, intentar ser positivo, sonreír… ¿Quién sabe?  Lamentablemente todo esto solo formaba parte de mis pensamientos y de mi loca imaginación. Mi jefe chasqueó los dedos frente a mi cara para hacerme reaccionar y regresarme al planeta tierra.
Jefe: Vázquez… ¿Estás acá con nosotros? Tierra llamando a Vázquez…
Yo: -Pegué un salto- Si, si, si, lo siento…
Emi: -La vi sonreír y la escuché reír suavemente, era tan encantadora-
Jefe: Bueno, no tengo tiempo de repetírtelo de nuevo, dile a Emilia que te explique así se conocen mas… se pueden retirar…
VINGO! Era la escusa perfecta para hablar con ella. Salimos de la oficina del jefe y la conduje a la mía. Esta vez le abrí la puerta y la hice pasar primero. Ella agradeció el gesto con una sonrisa. Así comenzó todo… empezamos a trabajar a diario. De a poco nos íbamos conociendo, sin embargo, yo estaba completamente intimidado por los sentimientos que ella me producía cada vez que se me acercaba. Aún no había sido capaz de invitarla ni siquiera a un café en el primer piso del edificio.
Hasta que llegó el día en el que me decidí a invitarla. Antes de hacerlo, me puse frente a mi estante que estaba repleto de libros y saqué uno al azar. Siempre me había relajado leer. Lo abrí en una página cualquiera y leí: “Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”. Es curioso, esa frase me hizo pensar en ella. Me hizo pensar en todas las cosas que me imaginaba cuando la miraba, en todas las cosas que soñaba cada vez que me dormía pensando en ella. Aquel día en la oficina de mi jefe había soñado justamente toda una vida con ella en unos pocos minutos. Cerré el libro con una sonrisa, dispuesto a salir y enfrentarme al torbellino de emociones que empezaría cuando ella me dirigiera la palabra. Sin embargo… algo cambió mis planes… Alguien golpeó la puerta…
Yo: Adelante!
Emi: -Asomó la cara sin abrir la puerta completamente- Nicolás, puedo pasar?
Yo: -Me puse nervioso automáticamente- Si Emi, adelante…
Emi: Permiso… te traigo en esta carpeta… -la puso sobre el escritorio- las fotocopias que me pediste, me tardé porque tuvieron que recargar la tinta de la fotocopiadora…
Yo: Descuida… muchas gracias…
Emi: Bueno, cualquier cosita me llamas… -Caminó hasta la puerta y antes de irse se volteó y me miró dubitativa y con timidez- Emm…
Yo: Si??
Emi: Nicolás… me preguntaba si… te gustaría que saliéramos a tomar algo hoy en la salida… un café o algo… te gustaría?? –Sus mejillas se encendieron levemente-
Creo que en ese momento mi corazón, mi cabeza, mi estómago, cada partícula de mi cuerpo estaba en explosión. No pude evitar sonreírle ante esa propuesta.

Obviamente… acepté la invitación.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hola, si lo deseas, acá puedes dejar tu comentario :3